El rol de las startups en el paradigma emergente

El modelo socioeconómico actual está llegando a sus límites [1]. Comienza a fallar provocando efectos colaterales que nadie deseamos pero que de una forma creciente nos afectan. El planeta ha llegado al límite de CO2 que puede gestionar produciendo el efecto invernadero y el calentamiento global. Estamos alcanzando el límite de la desigualdad, donde 1% de la población posee el 90% de la riqueza de todo el mundo, provocando la migración en masa de las poblaciones menos favorecidas. La economía especulativa también llega a su límite, representando el 7500% de la economía real y afectando negativamente a ésta. La tecnología está más enfocada en paliar síntomas que en hacer sostenibles los problemas que los generan. Los ciudadanos estamos llegando al límite del consumismo, al punto de confundirlo con felicidad y riqueza, lo que resulta en infelicidad, superficialidad, depresión y otros trastornos. Y lamentablemente, los gobiernos no pueden enfrentarse a estos retos porque continúan constreñidos por este modelo, siendo incapaces de trascender y buscar nuevos enfoques. Resumiendo, necesitamos un nuevo modelo sostenible que resuelva los problemas del modelo socioeconómico actual.

Necesitamos ampliar nuestra visión

Pero ¿por dónde empezar semejante reto?. Muchos autores recurren a la teoría de sistemas para tener una visión lo más amplia posible de lo que está sucediendo. Siguiendo esta línea, si asumimos que el planeta es un sistema, entender cómo funciona desde este nuevo prisma puede aportar nuevas claves que nos ayuden en la construcción de un nuevo modelo. Para ello, y a modo de breve resumen, basta con saber que todos los sistemas están compuestos por componentes que se relacionan dinámicamente para conseguir un propósito común. Estas relaciones entre los componentes forman estructuras que son las que aportan un orden al sistema en aras de conseguir su propósito. Por otro lado, existe un conjunto de procesos que definen el comportamiento del sistema y rigen su ciclo de vida. Además, los sistemas tienen la particularidad de que cuando se crean, emergen nuevas propiedades entre sus partes componentes, surgiendo una relación sinérgica donde el conjunto es más que la suma de sus partes.

Desde un punto de vista de composición, si analizamos los componentes que forman los sistemas, veremos que en realidad son a su vez subsistemas. Asimismo, si nos abstraemos más, percibiremos que nuestro sistema es en realidad un elemento de otro sistema más complejo. Por lo tanto, si examinamos cualquier sistema, observaremos que está compuesto de subsistemas que a su vez están compuestos de más subsistemas. Así, como en un juego de matrioshkas, podríamos navegar por ejemplo desde el sistema solar, hasta llegar al sistema atómico de una flor en la tierra, siguiendo las relaciones que los unen.

Si aplicamos esta teoría de sistemas al modelo socioeconómico actual, nos daremos rápidamente cuenta de tres hechos fundamentales:

  1. todo está conectado, por lo tanto todas las acciones de un sistema afectan al resto de sistemas.
  2. las relaciones entre los componentes forman las estructuras que ordenan el sistema.
  3. los sistemas aportan más valor que sus componentes por separado.

Nuestro modelo socioeconómico es un ego-sistema

El principal problema del modelo socioeconómico actual es que no tiene en cuenta el impacto de sus acciones en otros sistemas, generando los resultados enunciados al comienzo. ¿Y quién es el responsable de esto? Pues si lo analizamos en términos de sistema, nos encontramos con que los componentes que forman el sistema socioeconómico actual somos las personas. Y las estructuras que dan orden al sistema son nuestros modelos de relaciones. ¿Y cuál es el propósito del sistema? ¿cuáles son los procesos que definen su comportamiento? ¿quiénes los definen? En el modelo socioeconómico actual, los procesos son creados por grupos de interés muy reducidos y bien organizados (lobbies), con intereses particulares, que se imponen sistemáticamente a otros grupos que por su tamaño y asimetría no pueden organizarse de forma efectiva (ciudadanos, consumidores, etc.). Esta centralización del poder lleva a que el propósito del sistema no represente al bien común, y lo que es peor, que no sea conocido.

En esta situación, en la que las personas no somos conscientes del propósito del sistema ni tampoco de las consecuencias negativas que produce, vivimos en una especie de corriente nebulosa que nos arrastra veladamente hacia un rumbo no elegido por nosotros mismos. En este devenir, no tomamos las decisiones de forma consciente, pero inevitablemente sí lo hacemos inconscientemente. O como sucede en este caso, quien decide es el inconsciente colectivo, aceptando lo que prescribe el modelo, lo cual significa seguir la ruta fijada por los lobbies. El resultado es que esta inconsciencia genera dinámicas ocultas que se materializan en la realidad en forma de secuelas negativas, como las anteriormente mencionadas. El gran problema que subyace en esta situación, es que al no ser conscientes de que estamos conectados, no tenemos en cuenta la complejidad de las relaciones entre sistemas ni su impacto. Todo esto arroja una verdad que tarde o temprano tendremos que afrontar, y es que los responsables de las consecuencias negativas del modelo socioeconómico actual somos las personas inconscientes. Y si no hacemos algo pronto, el sistema colapsará para reordenarse de nuevo.

La alienante situación actual

Pero ¿cómo hemos llegado a esto? En realidad es una situación normal en el proceso evolutivo social. Dicen los expertos que el progreso social se da como resultado de la interacción entre los retos sociales que surgen y las soluciones aportadas. Cuando los poderes sociales no pueden dar respuestas creativas a los retos, se produce un relevo de estructuras, formándose unas nuevas que sustituyen a las obsoletas. Estos cambios nunca han sucedido gradualmente, si no más bien de forma abrupta. Es decir, el sistema se equilibra cuando el propósito común no representa a la gran mayoría. Y ahora estamos precisamente en este momento, con retos que el modelo socioeconómico actual no puede solucionar y donde comienzan a emerger nuevas estructuras.

Las estructuras a modernizar, es decir, las formas en las que las personas nos relacionábamos hasta ahora, son fruto de varias evoluciones sociales muy marcadas por la revolución industrial. Un ejemplo claro es la educación. Los colegios y las universidades están diseñadas para producir personas que respondan a lo que las empresas requieren, en lugar de lo que la sociedad necesita. Por eso se hace tanto hincapié en aprender materias científicas en detrimento de las artísticas o humanísticas, lo cual genera personas técnicas especializadas, con una visión social y relacional limitadas.

Estas personas pasarán más tarde a las empresas donde los/as mejores están destinados/as a escalar en la jerarquía organizativa para ganar estatus y acumular bienes y dinero, símbolos de éxito en este modelo. Los menos adaptados a las exigencias de las empresas, se conformarán con dedicar un número de horas al día realizando lo que la dirección disponga, a cambio de ganar un sueldo con el que vivir. Por su lado, las empresas compiten entre ellas por cuotas de mercado que se saturan rápidamente, sin tener en cuenta los efectos colaterales en el planeta ni en la sociedad. Todas estas actitudes tienen en común una visión egocéntrica que prioriza el beneficio de la persona, o de la empresa, obviando el resto de componentes del sistema. Y esta inercia continuará hasta que las consecuencias del modelo afecten a los países más desarrollados. Mientras los efectos colaterales se produzcan lejos, en el tiempo o en el espacio, seguiremos inmóviles e inconscientes, asumiendo como normal el carácter alienante y egoísta de nuestro modus vivendi. Es decir, nos dejamos llevar por la corriente nebulosa.

Una nueva visión: la startup como agente de cambio

¿Y cuál es la solución? La solución es un modelo socioeconómico con una visión sistémica, que tenga en cuenta todos los componentes del sistema y sus relaciones. Esto es, cómo nos relacionamos con nosotros mismos, con los demás, con la comunidad donde vivimos y con el planeta. Sólo teniendo en cuenta a todas las partes seremos capaces de trascender el modelo socioeconómico actual, corrigiendo sus efectos colaterales y construyendo un modelo que garantice el bien común y la sostenibilidad.

No obstante, para construir el nuevo modelo es necesario despertar. Levantar la mirada y ser consciente de que pertenecemos a un sistema donde necesariamente tenemos que relacionarnos y colaborar con los demás para que el sistema sea sostenible. Lamentablemente, este proceso sólo se da de dos formas. O bien las personas pasan por una experiencia vital, que les obliga a realizar una introspección profunda que casi siempre conlleva una reordenación de valores que a su vez les lleva a buscar alternativas fuera del modelo actual. O bien, han sido educados/as de forma alternativa y/o poseen una visión y sensibilidad especial, que les hace percibir este nuevo paradigma intuitivamente. El resto, sólo se movilizará cuando los primeros creen un nuevo modelo que deje obsoleto al actual o de forma forzosa si el sistema colapsa.

En este sentido, muchos emprendedores queremos crear una cultura que favorezca la autonomía, la evolución y el propósito de las personas que forman nuestra startup. No obstante, si somos capaces de ampliar nuestra forma de ver, podemos conseguir mucho más. Podemos ser partícipes de este cambio y construir un modelo socioeconómico más justo y sostenible para el futuro. Para conseguirlo, debemos trascender el statu-quo y diseñar un nuevo paradigma de empresa con una visión sistémica. Si lo hacemos, las startups que creemos hoy serán las organizaciones del futuro, proyectos especializados en diferentes dominios y orientados al bien común. Los profesionales, serán personas conscientes que seleccionarán estas organizaciones según su propósito y valores, y se involucrarán con ellas colaborando y aportando valor, al tiempo que desarrollan sus capacidades y vocación. Serán sistemas sostenibles y verdaderamente basados en las personas, que se relacionarán naturalmente a todos los niveles con otros sistemas para generar sinergias. Pero para ello, antes tenemos que encarar el mayor de los retos, evolucionar la forma en la que nos relacionamos, es decir, evolucionar como especie humana. Y no me cabe duda de que ésta es la innovación más disruptiva posible, porque a la postre, es la que produce todas las demás.

Notas

1. Los autores Otto Scharmer y Katrin Kaufer describen con gran detalle el final de lo que ellos denominan la versión v3.0 del modelo socioeconómico. En este párrafo resumo muy brevemente los elementos más relevantes.

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raul

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